Fuente de la publicación original: Mi biblioteca: La revista del mundo bibliotecario, ISSN
1699-3411, Nº. 78, 2024, págs. 14-15
Autor: Fernando Jerez Hernández
Sí, el orden es importante. En una biblioteca, y en un título. Papás bibliotecarios. Lo primero papi, y después lo demás. Y parece obvio, pero en realidad es algo que a los hombres nos ha costado asimilar, a la luz de los hechos. Porque tener hijos conlleva una satisfacción inmensa, ratos de felicidad diría que incomparables… pero desde luego implica renuncias de todo tipo, es agotador y muy poco reconocido. Aspectos que, desde luego, muchos de mi sexo históricamente no han estado dispuestos a asumir, facilitado por un derecho patriarcal, prefiriendo pasar más tiempo fuera de casa, a hacerse cargo de otras de sus responsabilidades familiares con las que han tenido que cargar ellas, las mujeres.
Sin embargo, datos recientes parecen arrojar otro haz luminoso que indica que el cambio de mentalidad se ha acentuado de un tiempo a esta parte. En el último lustro, a pesar del incremento del empleo, se ha equilibrado el número de permisos de hombres y mujeres dispuestos a reducirse la jornada para cuidar de sus hijos. Esto puede responder también a que sigue aumentando el acceso de las mujeres al mercado y a puestos de responsabilidad, lo cual compensa el poderoso hándicap económico de que la pareja vea reducido su salario. El problema es que este avance sigue siendo insuficiente para quebrar las brechas existentes, y alcanzar la igualdad de la jornada laboral, aún inferior en las mujeres.
Cuando me pidieron el artículo tuve claro que quería escribir sobre este tema de la conciliación. No sé en otras profesiones, pero en la nuestra, mayormente femenina, seguimos siendo pocos los hombres que incorporamos los cuidados y la crianza a nuestras conversaciones. No digo ya escribir sobre estos temas en un foro profesional, a pesar de que están estrechamente ligados y forman parte de las vidas de todo padre bibliotecario.
Rompiendo con ese mal hábito, hoy os contaré un poco la mía, aunque no sea nada excepcional.
Esta semana tengo turno de tarde en la biblioteca. Hoy tendría que salir de trabajar a las 21:30 h. Como vivo en Burgos podría llegar a casa antes de las 22:00… pero podremos convenir que resulta demasiado tarde para aportar gran cosa en materia de cuidados, ¿no? Sin embargo, con la reducción, llegaré a las 20:15. Esto me permitirá continuar la labor que ya estaba haciendo mi mujer, Soraya, en casa hasta que yo llegara, darle el relevo y que por fin pueda dedicarse a otra cosa que no sea trabajar y cuidar. Podré, por ejemplo, hacerme cargo de alguna de estas cosas cada día: bañar a mi hija Sira, leer con ella, hacer la cena a la familia o acostar a la peque. Y la semana que viene, que tengo turno de mañana, podré salir media hora antes para recoger a la niña del cole y comer con ella en casa tranquilamente… Vamos, que se gana calidad de vida, ¿verdad?
En virtud del artículo 34.8 del Estatuto de los Trabajadores, los trabajadores tenemos derecho a “solicitar las adaptaciones de la duración y distribución de la jornada de trabajo, en la ordenación del tiempo de trabajo y en la forma de prestación, incluida la prestación de su trabajo a distancia, para hacer efectivo su derecho a la conciliación de la vida familiar y laboral«. Los trabajadores tenemos el derecho a solicitar, con prioridad, la adaptación del régimen de turnos de jornada reducida cuando las condiciones laborales afecten a la conciliación de la vida familiar y personal.
Pero claro, no todo son ventajas. Como comentaba, la rebaja en el sueldo a consecuencia de la reducción afecta de forma significativa a la economía personal y familiar. En mi caso, al menos, es así, y si no fuese por el trabajo de Soraya y su salario, sería inviable que yo pasara más tiempo en casa.
Y luego hay otra cosa: como bien sabemos, tener derechos no garantiza que puedas ejercerlos sin ningún tipo de traba. Todos conocemos algún caso: son muchos los empresarios e instituciones que todavía no entienden que la mejor manera para aumentar la vinculación – y producción- de un empleado es facilitarle conciliar su vida familiar y laboral. Es más, su vida mejora de forma integral, y por tanto mejora su salud mental y, con ello, disminuyen las bajas derivadas de que devienen de las dificultades de la conciliación. Y, además, se reparte el trabajo. Para la sociedad, en términos generales, esta estrategia es un ganar-ganar para todos.
En lo que a mi respecta no tengo queja. La empresa para la que estoy contratado ha facilitado siempre mi derecho.
Y menos mal. La conciliación – llámese también “encaje de bolillos”- en sí ya es suficientemente compleja. Todos los que tenemos pareja que también trabaja, hijos, y demás responsabilidades sabemos a qué nos referimos: Hilvanar horarios y que todo cuadre para que el tiempo dé para lo verdaderamente necesario, es harto complicado.
Pero merece la pena reducir nuestro tiempo en el trabajo. Y tenemos muy cerca, al lado nuestro, un buen ejemplo, un excelente modelo a seguir: las compañeras, que siempre lo han hecho, y de las que tanto tenemos que aprender, y a las que tanto debemos reconocer. Sirva este humilde artículo como parte de ese reconocimiento que merecen.
Sí, a muchos nos gusta nuestro empleo, personalmente soy feliz trabajando en una biblioteca pública porque siento que tengo un rol en la sociedad que me gusta tener, y trato de aprender y hacerlo mejor cada día. Pero, sinceramente: la vida no es el trabajo, o al menos no es lo fundamental. La vida es única y demasiado valiosa como para invertir más tiempo del imprescindible trabajando. Y hay etapas vitales en las que se debe priorizar – siempre que se pueda- el cuidado, las tareas de casa, la crianza, el tiempo con la familia… Sobre todo también porque, de lo contrario, no veo posible que las cosas vayan bien.
Así que sí, compañeros, siempre que podamos hacerlo, sigamos por este camino. El camino que ellas, con enorme esfuerzo, han trazado. Desde hace tiempo que nos toca, pero nunca es tarde. Hagámoslo, porque nos beneficia a todos, a nosotros y a los nuestros.
En mi caso os lo aseguro, porque puedo marchar más tranquilo cuando mi peque me pregunta si me voy a la “biluteca” 😉
Dedicado a ellas: Soraya y Sira.
