Presentación del libro ‘Cuentos para no contar’, de Pablo del Barco

Por encargo de la editorial Suabia el pasado lunes 19 de mayo de 2025 tuve el placer de realizar la presentación del último libro de Pablo del Barco (‘Cuentos para no contar’) en la Sala Polisón del Teatro Principal. Dejo por aquí el texto de mi presentación, así como el enlace al vídeo íntegro del acto, al final del mismo.

De izq. a dcha. me acompañan el autor, Pablo del Barco, y el editor Jesús Toledano. Gracias por la fotografía a Asun Izquierdo.

Buenas tardes, muchas gracias a todos por la asistencia. Agradecer también al autor, Pablo del Barco, y a Suabia Ediciones, en la persona de Jesús Toledano, que tuvieron a bien contactar conmigo para esta presentación. 

La verdad es que acepté la invitación porque me parece que solo hay algo más bonito en el ámbito literario que escribir y es poder compartir lo escrito con los demás, como hacemos cada día en la biblioteca, y comprobar cómo esa literatura es recibida, leída y cómo produce ese efecto maravilloso de la lectura de unir a las personas. Y está claro que es así, lo podemos comprobar una vez más hoy. Porque hoy día esto es algo incluso disruptivo, en la sociedad hiperacelerada y productivista que vivimos. Que con tantas “tareas pendientes” las personas se paren a pensar, a leer, a charlar sobre libros… es algo contracultural. Es elogioso, dado el contexto, que sigan habiendo millones de lectores que a su vez mantengan incorrupta esa necesidad humana de leer ficción.  Y más si cabe en un mundo como el actual en el que las tentativas de distracción son infinitas, que un señor en este caso Pablo del Barco, conserve intacta esa mentalidad lista para la creatividad y su iniciativa de sentarse a escribir unas líneas para transmitir historias y hacer sentir a los demás en otro cuerpo, en otro lugar, en otras vidas. Es digno de admiración. Vidas como la de Chamusco Calatrava (qué bautismos hace Pablo) inventor trágico del destiempo en uno de estos relatos de ‘Cuentos para no contar’. Es alentador, como digo, que a estas alturas el ser humano siga plantando tamaña resistencia ante la hiperproductividad. En otro de los cuentos, el protagonista cree que tiene que ir al médico y todos sus males desaparecen cuando comienza a liberarse del teléfono móvil.  Es curioso, ¿verdad? que haya resultado tan sencillo que todos tengamos un smartphone, y que a día de hoy tengamos una sociedad dependiente de la comunicación, geolocalizada, sin necesidad de ningún decreto ley que nos obligue a comprarlos, como en el relato ‘La oscuridad que multiplica la luz’. La realidad es a veces más inquietante que la ficción. Pero como si de una vacuna se tratase, Pablo del Barco nos administra en forma de cuentos una dosis preventiva de males mayores.

En cualquier caso, como decía, estos ‘Cuentos para no contar’ reflejan con ironía e ingenio los males de esta sociedad, y sus pérdidas de rumbo, pero ojo, con buen humor y sin caer en el derrotismo. Sus protagonistas son personas que buscan, por ejemplo, acaparar toda la sabiduría, acaparar poder, o incluso adueñarse de los sueños de los demás. La realidad social se abre paso en estos cuentos con, por ejemplo, la preocupación por la soledad y la incomunicación, paradójicos males de la sociedad hiperconectada, como en los cuentos de Whatsapp, o en el titulado ‘El hombre sin sombra’, que trata desesperadamente de apropiarse de las sombras de los demás aunque sólo sea por unos instantes. Y para estas situaciones vuelven a asomar los excesos de la ambición desmedida, en el que surgen incluso vendedores y bancos de sombras. Como veis ya vamos esbozando algunos ejemplos de estos cuentos en los que la imaginación se dispara, creando situaciones inverosímiles, hilarantes, disparatadas, burlescas e hiperbólicas, en los que la realidad se va desplazando hasta ubicarse en un punto donde ya ni se vislumbra en el horizonte, y ya no sabemos si es la historia la que se ha alejado de ella o somos los lectores los que nos hemos dejado llevar.

Y si quieren que hablemos de influencias y referencias literarias, para hacerse una idea de lo que se van a encontrar en este libro en cuanto a estilo, creo haber dado con semejanzas en algunos relatos a las fantasía de José María Merino, maravilloso escritor de cuentos. Y hay fantasía pero por supuesto está el deseo perenne, siempre presente en estos ‘Cuentos para no contar’. La erótica tiene un peso específico en la obra, algo ya poco habitual en la narrativa actual. Esa pulsión sexual late casi de forma inevitable en la gran mayoría de los divertidos relatos de la obra. En ese carácter erótico y pícaro tan presente en estos cuentos no estoy muy familiarizado, pero he creído ver similitudes a la prosa del escritor ribereño e incansable viajero Pascual Izquierdo, o con un escritor local como el profesor Julio Pérez Celada en su última novela. La frescura de las narraciones también es profusa y rica lingüísticamente, faceta literaria primordial y hoy día a menudo desdeñada, y que autores como Pablo o los anteriormente mencionados ponen en valor con su trabajo, y su exquisito trato de nuestra lengua, sin por ello resultar textos cargantes o de difícil lectura. Abundando en su estilo, ese ingenio creativo del que hablábamos lleva a Pablo del Barco también a jugar con la gramática en algunos de sus textos, lo verán. También juega con el lector, haciéndole partenaire creador literario, y como si de un relato-juego se tratase, el final de uno de ellos se puede elegir, y en otro nos propone que seamos nosotros quienes lo escribamos por él, porque a él “se le ha olvidado el final que tenía pensado”.

Pablo disfruta con la metáfora, con la hipérbole, con imaginar escenarios vitales y crear a partir de ellos, ahí se desenvuelve como pez en el agua. Así nos habla también de la hipocresía de nuestro tiempo. Todo desde la chanza, sin abandonar ni por asomo el tono desenfadado, lo que nos recuerda que en la vida cualquier situación es susceptible de ser tomada un poco menos en serio. Me fijo también en el ritmo de la narración, que Pablo del Barco maneja a su antojo, como en el relato ‘Máquinas’, en el que transmite esa hiperaceleración que mencionaba anteriormente, cuando tengan el libro entre sus manos y empiecen a leer este cuento, sabrán de lo que les hablo. En él, la libertad se consume en la automatización de la vida y la supina moralización de toda conducta no robotizada. Y, sin embargo, siempre hay esperanza, como demuestra al final. Y es que el futuro se puede soñar, como lo hace Pablo del Barco.

La obra de nuestro autor está marcada por su vertiente poética, y era obvio que también estaría presente en los relatos de ‘Cuentos para no contar’. Tenemos, de hecho, un relato poético como ‘Correr sin límites’, abrumador, en el que Pablo abre sus alas sin plumas, ave sin gobierno, ave sin jaula ni rama, ave no ave para siempre. Qué lujo leerlo, ya sólo por este relato valdría la pena haber comprado la obra completa. No me iré de aquí sin que Pablo me dedique la página de este relato.

En resumen, y ya finalizo, quiero poner énfasis en que cada uno de los cuentos de este libro nos entretiene y nos hace pensar también, pero sobre todo nos inspira algo: sonrisas, de todos los tamaños y formas posibles. El de Pablo del Barco es un humor ligero, pícaro como hemos dicho, para pasar un buen rato a cada paso de página, en una literatura nada pretenciosa y no por ello menor. Si la literatura, si el arte, parece catalogarse en nuestro sistema como algo inútil e improductivo, hemos de negarlo y afirmar la evidencia de que, en realidad, esto no es así, por mucho que se empeñen. Porque la literatura es necesaria y nos hace felices. Soy bibliotecario, y lo compruebo cada día. Parafraseando a Nuccio Ordine, la utilidad de lo inútil produce lo que nos resulta más útil. ¿Y qué puede ser más útil que leer, amar y sonreír?

Gracias por su atención, gracias a Pablo del Barco y nada más, disfruten de estos ‘Cuentos para no contar’.