En la primera de Las Tertulias Literarias de esta nueva temporada tuve el honor de conocer y conversar con uno de los mejores poetas españoles vivos, el burgalés Ángel Rupérez.
Hay que saber ver para saber vivir.
Doctor en Filosofía y Letras, ha sido profesor de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad Complutense de Madrid. Es autor de una importante bibliografía en la que tienen cabida obras de todo tipo, entre la que destacaría la obra poética, tanto la suya propia, ya que tiene publicados ocho poemarios además de los numerosos estudios críticos de poesía, y en artículos periodísticos en ‘El País’ (concretamente en el suplemento cultural ‘Babelia’) desde hace más de 35 años. Todo esto le acredita como uno de los mayores expertos y críticos literarios de nuestro país. Ángel Rupérez (Burgos, 1953) podría ser incluido perfectamente entre los poetas referentes de su generación. No en vano fue finalista del Premio Nacional de Poesía el año que se lo otorgaron a otro gran poeta como José Ángel Valente, unos años antes de su fallecimiento. Es importante también señalar su destacada trayectoria como traductor de la lírica inglesa, y de un tiempo a esta parte también su incursión en la narrativa de ficción con varias novelas.
Pero, como decía, tuve el placer de revisar con él su antología poética que en realidad era una amplia pero cuidada selección de toda su poesía. La obra fue publicada este 2025 bajo el título ‘Poemas reunidos: 1983-2018‘, en la editorial Casi una leyenda. Una poesía, la de Rupérez, que se caracteriza por su sobriedad estilística y por su calado existencial. Son visibles en él las huellas de poetas como el inglés William Wordsworth o los españoles Luis Cernuda, Francisco Brines y Claudio Rodríguez. De todo ello hablamos largo y tendido en nuestra charla.
Ángel Rupérez, además de ser un escritor excepcional al que admiro profundamente, también a nivel intelectual por esa maravillosa capacidad de reflexión y de análisis introspectivo tan inteligente y sensible, me ha impresionado enormemente a nivel personal por su humildad, su amabilidad. Que una figura de su dimensión literaria, a su edad, consagrada y sin nada que demostrar, se tome la molestia de desplazarse desde Madrid para charlar un ratito conmigo y con un puñado de lectores y coja un autobús de vuelta por la noche llegando tarde a su casa me parece un gesto que dice mucho de la persona que estamos hablando.
Me siento agradecido y muy afortunado por haber podido tener esta oportunidad. Os animo a disfrutar del podcast de nuestra conversación.
